Exhumaciones: Edgar Allan Poe, Los asesinatos de la calle Morgue

El 20 de abril de 1841 apareció un texto en la revista Graham’s de Filadelfia que firmaba un tal Edgar A. Poe: “Los asesinatos de la calle Morgue”, narración que pasaría a la historia como la primera piedra de la literatura detectivesca moderna.

Con la sección Exhumaciones queremos celebrar los aniversarios de los libros imprescindibles al traer de vuelta las reseñas que circularon en el momento de su aparición. Es afortunado que podamos inaugurarla con un cuento de Edgar Allan Poe, quien durante en vida fue conocido sobre todo como crítico literario y dedicó muchas de sus horas de escritorio a escribir sobre las obras de otros. A continuación, ofrecemos algunas reseñas sobre la obra de Poe que salieron por esos mismos años.

 

Pennsylvania Inquirer, julio de 1843.

Nos enteramos que el primer número de los Romances en prosa* de Edgar A. Poe, Esq., está siendo recibido con buenas ventas. Esto era de ser esperado. El señor Poe se ha distinguido en todos los sectores de la literatura, y se puede dudar que el país tenga un escritor en mayor estima y con más variados y pulidos talentos. Como editor del Southern Literary Messenger adquirió, y mereció, una reputación de la que cualquier escritor vivo estaría orgulloso. En el campo de la narrativa tiene el raro mérito de la originalidad. La mayoría de las historias actuales son copias, una reiteración de incidentes que han sido relatados cien veces, y una repetición de sentimientos que, por más encomiables, son tan conocidos como el Padre Nuestro. Las narraciones del señor Poe tienen un carácter enteramente distinto. No hay un esfuerzo aparente, no se persigue el sentimiento, no se pintarrajea la antítesis entre el rojo y el blanco, no hay descripciones copiadas, repetidas mil veces, y debilitadas como ondas en el agua con cada repetición.

Del presente número, “Los asesinatos de la calle Morgue” es la mejor de las dos historias. Por sí misma prueba que el señor Poe es un hombre de genio. El poder de inventiva exhibido es realmente maravilloso. A cada paso estimula la curiosidad del lector, hasta que el interés es llevado a un punto en el que la mente se encoge con algo como la incredulidad, cuando con un poder creador y una habilidad de la que no conocemos paralelo, el autor reconcilia cada dificultad y con la más triunfante vraisemblance hace que la mente admita la verdad de cada maravilla relatada. El lector se predispone a creer que esta debe ser en realidad la observación de algún abogado criminalista veterano, pues así es la cadena de evidencias tan estupendamente sostenida a través de muchos entresijos, y la conexión de causa y efecto tan irresistiblemente demostrada. La historia, contada por una persona ordinaria, parecería improbable; como la ofrece el señor Poe, el lector se levanta con una sensación de vergüenza por haber, durante un tiempo, tan confianzudamente creído en eso que es declaradamente ficción. “Los asesinatos de la calle Morgue” es una de las más atrapantes, pulidas, poderosas ficciones que hayamos leído en mucho tiempo. El segundo relato, “El hombre que se gastó” es un excelente borrador, lleno de propósito y humor, pero no es un igual de su predecesor. Confiamos en que el editor ampliará el tiraje para satisfacer a la demanda creciente.

*Prose Romances

 

Philadelphia Saturday Courier, julio de 1843.

¿Hay un hombre, mujer, o niño, leído,** como dicen en la literatura norteamericana, que no esté familiarizado con Edgar A. Poe? Daremos por sentado que no lo hay. Y en consecuencia no diremos, en esta breve reseña que estamos por hacer acerca de su obra, una palabra ilustradora en lo que a él respecta. Nuestro propósito aquí es sencillamente anunciar a los numerosos lectores del Saturday Courier que el señor W.H. Graham acaba de sacar a luz una edición en serie de los Romances en prosa del señor Poe, al muy bajo costo de 12.50 centavos por cada número. Además, nos enteramos que cada obra puede ser comprada por separado, si algún lector así lo deseara.

Si tuviéramos espacio y tiempo, nos tomaríamos el placer de entrar en una crítica extendida de la obra del señor Poe, y sin embargo, si lo hiciéramos, alguien –quizá con justicia– nos acusaría de egocentrismo, incluso por ese intento. Pero no decimos que no vayamos, en algún día futuro, a renunciar a esa sospecha, sin embargo, quizás, en relación con reseñas de otros singulares, originales, extraordinarios escritores de la literatura norteamericana.

Que Edgar A. Poe tiene una mente peculiar, todos admiten. Que es original, todos saben. Que es leído –muy leído– está también por establecido. Que es uno de los críticos más severos, nadie niega –y muchos han sentido. Que es uno de los mejores críticos norteamericanos, creemos que solamente algunos se atreverían a negar. Sin embargo, es cierto que algunas veces empuña una hacha pesada, cuando una pequeña hubiera sido igual de eficaz. De igual modo, en ocasiones hemos sido de la opinión que varias de sus críticas de libros estaban impregnadas con un poco de amargura de más, con un toque de bilis, en dosis lejos de ser homeopáticas. Este es un defecto que la mente, la mente original, la mente educada, en todas las eras de la crítica literaria y científica ha sido susceptible a tener. Al ver a larvas literarias ocupando demasiado a menudo los lugares que deberían ser llenados solamente por hombres de talento, madura erudición e inconfundible e inequívoco genio, los verdaderos críticos han perdido muchas veces su temple, y se han divertido aplastando mosquitos con las llantas. Que el señor Poe haya jugado algunas veces a este deporte, lo creemos por completo, y dudamos de sobremanera que haya valido la pena.

Dejamos esta rama de la materia, sin embargo, por ahora, planeando continuarla después, y nos contentamos por el momento con hacer notar que cualquiera que compre los Romances en prosa de Poe encontrará que son romances con propósito.*** Son peculiares, un tipo original de narración, pero aun en esa misma rareza creemos que las personas de intelecto van a encontrar recompensa en deleitarse. Contrastado con ese excelente y franco, mas retórico y patético narrador, T.S. Arthur, el señor Poe pierde en la comparación, en lo que a sus cuentos concierne, con los lectores de las multitudes extensas. Pero en cuanto a erudición, singularidad y originalidad, no dudamos en decir que Edgar A. Poe, en su propio país, permanece enteramente solo.

** Read up.
*** …they have been romancing to some purpose.

 

Ladies’ National Magazine, septiembre de 1843.

Necesitamos decir poco acerca de un escritor que es conocido entre el público desde hace tanto tiempo y de manera tan favorable. El señor Poe es un hombre de genio. Sus poderes analíticos son notables. Su imaginación es del más alto orden. Su elección de palabras es refinada. Su estilo es original. Es un erudito, un hombre de gusto, y un crítico inflexible tanto en sus propias producciones como en las de los otros. Con estas virtudes, se puede esperar que sus prosas narrativas tengan un mérito superior: y así es como pensamos que lo tienen. La historia principal en este volumen, “Los asesinatos de la calle Morgue”, es uno de los relatos más intensamente interesantes que haya aparecido en años, y del mismo valor que el cuento premiado que el señor Poe escribió recientemente. Sus narraciones han hallado tanta estima que una edición de ellas está por aparecer en París.†

† Esa edición nunca se llevó a cabo. [Nota en el original]

 

American Review, E.A. Duyckinck, septiembre de 1845.

Nos tememos que la reputación del señor Poe como crítico no va a contribuir en nada al éxito de su reciente publicación. El mordaz desdén con el que ha comentado a muchos autores, y la acritud y el desprecio que a menudo han acompañado su agudeza, deben haber provocado enemistades del tipo que son mantenidas vivas por ser asiduamente cultivadas. Tal vez es demasiado esperar elogios de aquellos en cuya frente Poe fue fundamental para fijar la marca de la condenación literaria, pero aun así creemos que incluso un enemigo podría aceptar que el presente volumen es uno de los más originales y peculiares jamás publicados en los Estados Unidos, y que claramente es merecedor de una amplia circulación y un reconocimiento cordial. Muestra las más indiscutibles señales de poder intelectual y empuje, originalidad del intelecto, una disposición de peculiar intensidad, y rasgos inconfundibles. Pocos libros han sido publicados recientemente que contengan en sí mismos los elementos de la amplia admiración. Esta admiración la obtendrá seguramente, de no ser por la acción del prejuicio estúpido que se rehúsa a leer, o de la enemistad personal, que se rehúsa a admirar. […]

“Los asesinatos de la calle Morgue”, “El misterio de Marie Roget” y “La carta robada” son ejemplos de análisis contundente aplicado al esclarecimiento de complicados y confusos enigmas en relación a supuestos eventos de la vida real. La diferencia entre la ocurrencia y la inteligencia, el cálculo y el análisis, es ejemplificada admirablemente en estos cuentos. Nadie puede leerlos sin obtener algún conocimiento metafísico, ni sin estimular su curiosidad y despertar sus simpatías. Un abogado los podría estudiar con provecho y obtener importantes pistas acerca de la examinación de evidencias.

 

Literary Gazette and Journal of the Belles Lettres, Martin Farquhar Tupper, Londres, 1846.

“Campos frescos y nuevos prados” son obviamente los mejores lugares para buscar genio inventivo y poder original. De tal modo, no nos sorprende escuchar que el autor de este notable volumen es un americano. Su obra ha llegado a nuestras costas bajo recomendación del éxito que tiene en las suyas, y que ese éxito no es más que el que merece es lo que trataremos de demostrar a nuestros lectores, antes de ponerle el punto final a nuestra nota de admiración. […] Tomen el maravilloso proceso de razonamientos analíticos con los que llega a la verdad en “Los asesinatos de la calle Morgue”, una historia en la que el horror de los hechos es superada por la agudeza de los argumentos, y en cuya introducción hay una muestra de lectura del pensamiento que la Adolphe u Okey del Dr. Elliotson podrían en vano intentar de igualar.

 

 

Los originales se pueden consultar en:
https://bit.ly/2EXW7UK
https://www.eapoe.org/papers/
https://www.eapoe.org/papers/

Queremos agradecer a Barbara Cantalupo, editora de The Edgar Allan Poe Review, y a Chris Semtner, curador del Museo Edgar Allan Poe, por ayudarnos a localizar estas reseñas.

Traducción de Juan Francisco Herrerías.

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