Animal doméstico, de Andrea Alzati

Canasta básica para (re)inventar el mundo: Andrea Alzati

–M.S. Yániz

“Soy como el círculo, me dijo,
No tengo ningún sitio realmente,
No sé estar
pero dibujo los caminos”
-Verónica Volkow

“(…) Manifiesto que el lenguaje lleva
en sí mismo la necesidad de su propia critica”
-Jacques Derrida

“La poesía íntima de la vida
es la poesía de los hombres que luchan”
-Georg Lukács

 

Mi gusto por la poesía de Alzati, como todo gusto, es inexplicable: sucede. El problema venía cuando intentaba comunicarlo: hablaba de ella o sobre ella. Cuando alguien me preguntaba sobre su poesía yo ingenuamente decía: escribe de huevos. Había risas. Ajá, ¿y luego? Me reclamaban y entonces contestaba: Andrea escribe sobre cosas, cosas cercanas: huevos, miel y leche. También sobre perros, pájaros y la memoria. –Ah! Decían, ¿entonces es de estos poetas tipo norteamericano que buscan cualquier cosa para aproximarse desde ángulos raros o nuevos y ya? No. Y un poco contra esta imposibilidad de vender o promocionar la poesía de Alzati frente a mi gusto inerte sin caer en lo banal o el albur es que escribo estas líneas:

Entre todo lo que se puede decir del libro de Alzati, me quedo con las preguntas sobre las posibilidades de lecturas, la ambivalencia de categorías que pueden circular en él, su trabajo minucioso con el lenguaje y ante todo: la posición de Andrea como poeta.

No la vi nacer, habría sido imposible, pero me gusta pensar que sí he estado en sus primeros años como poeta. Cuando aquel chiste neopaciano llamado Poetas parricidas (generación entre siglos) vio la luz en 2014. De ese libro más de uno, incluido Evodio Escalante, sólo recuerdan el poema del huevo. Un poema juguetón que bien pudo haber soñado Nietzsche o Georges Perec. Jamás sabremos si se recuerda ese poema por ser un gran poema o porque, como bien apuntaba Macedonio Fernández, la mayoría somos lectores de comienzos y Andrea tuvo la suerte de ser el primer poema de la antología.

Esto que se presentó como un poema entre muchos toma forma a lo largo de unos pocos años en este Animal doméstico que recién se publicó en la editorial Juan Malasuerte. Llama la atención, primeramente, su forma, su blancura perfecta y la fuerza de las palabras en tipos móviles.

A Alzati se le puede leer y pensar dentro de una línea de la poesía universal que trata lo banal. Una poesía desde la que escribe Mark Strand, Luigi Amara, Szymborska y tantos más. Poesía que hace ver lo no visto o ver distinto las cosas de la vida diaria. Una poesía que grita ser una política contra la aceleración del capitalismo y las maneras en que se naturalizan las formas de vida y quizá sí, quizá Alzati sea una poeta de lo cotidiano, es más, quizá no sólo sea una poeta de lo cotidiano sino el animal doméstico mismo. Porque en cada poema sobre cualquier cosa cotidiana, está la experiencia que la atraviesa, los recuerdos familiares muy tenues, pero ahí están. También, y esto es lo que acompaña gran parte del libro, está su propio cuerpo. Si seguimos el epígrafe del libro, Andrea Alzati sería la poeta de los hombres, pues aprendió sus gestos y los hizo universales. Es un existenciario, uno podría aprender a vivir ciertas formas del habitar leyendo animal doméstico.

Desde otra lectura podríamos decir que en la poesía de Andrea no importan tanto las cosas de las que habla; que son pretextos para decir la poesía misma. O quizá que la autora sea una poeta esencialista que hace alegorías: miel, leche y huevos. Andrea como poeta mamífero.

Ninguna de estas lecturas parece errada pero más allá de estas, yo querría dar cuenta de la condición materialista de la poesía de Andrea Alzati. La poesía como cosa en el mundo y las complicaciones de su existencia. Se cree que el escritor y más el poeta se arrojan al lenguaje absolutamente y luego como por arte de magia aparecen esos arrojos del lenguaje en libros bonitos en las librerías. Alzati no, Alzati trabaja su poesía hasta en su circulación.

Hay dos momentos de la materialidad de Animal doméstico. En el primero están sus poemas, en ellos se construyen formas con profundidades. Su poema-sombra (12) no es otra cosa que el poema ante el mundo, en él, Alzati o su voz nos parece querer decir que la poesía no existe etérea, que depende de su existencia material y las formas en que es vista y es colocada en ciertos lugares. “La materia era el lugar perfecto para cifrarse.”, poema con el que cierra el libro y que por sí mismo merece una exégesis extensa, puede leerse como la apuesta por aprender las cosas en su totalidad bajo la materia y el lenguaje que le da cuenta; donde todo es intercambiable.

En el segundo momento está tal cual la creación de cosas. Alzati trabajó su libro como quien trabajó su hogar allá cuando dioses y hombres vivían en armonía: con el cuerpo, su tiempo y su desgaste. En estos poemas no sólo está su lucidez desde el lenguaje sino la puesta en acto de la operación con máquinas y la precisión con las manos. El libro está cifrado por poner en juego la materia. Sus formas y transformaciones. Desde el mismo hacer del libro como libro. Su involucramiento en este proceso es más de un trabajador que de un intelectual, se pensará ingenuamente, y ahí radica su política.

Alzati no está en su torre de marfil como tantos poetas jóvenes y no tan jóvenes que entregando todo el trabajo físico de un libro al estado o alguna institución, se quejan de que sus poemas de torre de marfil están mal trabajados finalmente y se lamentan las hojas chafas en las que fueron impresos, que no salgan de bodegas y que no les organicen presentaciones. No, Alzati no está en la torre de marfil, ella está arando la tierra de la que habremos de hacer algo.

El mundo, y esto parece saberlo muy bien la poeta, no está ahí llanamente y para todos. Uno debe asumir cómo estar en y para las cosas; si como imagen, sonido, recuerdo, escritura, como puro cuerpo o como puro nombre. Andrea parece que no se decide pero abre y observa las cosas tal y como podrían ser o no ser. En cada poema, unos más que otros, se hace mundo; se deshila e hila momentos y cosas del mundo. Al final de la lectura no hay un mundo material ya hecho, sino el proceso y posibilidades de que se experimente algo. Un mundo, un hacer. Para Jean-Luc Nancy no hay teleología, un pre-dado al que aspirar e ir. Alzati tampoco sabe a dónde va exactamente, entonces hay que “hacer del mundo el lugar siempre reabierto, el lugar siempre agitado por su propia contradicción. Esto nos prohibe saber de antemano qué hacer, pero nos obliga a nunca hacer algo que no sea sino un mundo.”

En este hacer que es leer y haber escrito poesía, se atraviesa el intercambio de sensaciones por cosas, cosas por figuras, diálogos por besos. Aunque Heidegger tiemble, los poemas contenidos en Animal doméstico tienen un fuerte sentido de lo originario.

No sé cómo escriba Andrea, si trabaja mucho sus textos, si su realización se hace inamovible una vez efectuada o si son ocurrencias que se van uniendo. Mas sospecho que su santo no es Cratilo sino Timeo. No busca la justeza sino destejer el mundo. Recordemos que en el Timeo el demiurgo, que no es mala analogía con la forma en que escribe Alzati, es este ser que “consideró que no puede haber algo bello sin inteligencia (νοῦς), y no puede haber algo inteligente sin alma (ψυχή). Por ello puso la inteligencia en el alma, y el alma en el cuerpo (σῶμα). El Cosmos resulta ser entonces un ser viviente provisto de alma e inteligencia.” A su vez, este demiurgo se alimenta de sí mismo porque no necesita nada del exterior: hace y deshace hasta el fin de los tiempos. Y ¿qué es la poesía de Alzati sino lo que queda del proceso de desmantelar sentido, revolverlo, confundirnos, hacer etéreas las cosas materiales y materializar lo etéreo?, Andrea en medio de la significación y la rutina.

La relación de texto y autor aquí es muy estrecha, Alzati está en los poemas, se reclama como cuerpo y siempre con voz personal, ya sea en pasado o futuro, se enuncia como quien susurra un secreto a un amigo.

 

Epílogo incómodo:

Este texto con ligeras variaciones fue leído el pasado 18 de abril en una presentación de libro realizada en la Ibero. Andrea, Tania Favela, Francisco Fenton y yo. Durante este diálogo yo aventuré que la poética que Alzati ha seguido hasta ahora se cierra con este primer libro. Hubo más de un disgusto pero dejo mi reflexión por acá para incentivar la lectura del libro y tratar de pensar otras salidas.

“–Alzati escribe este libro contra sí misma porque si fuera congruente se dedicaría a cultivar las fotos-gestos con las que llena sus redes sociales. Es ahí donde radicaría la esencia de su poética, pero sin embargo hizo un libro, que yo celebro pero desde Alzati no debería existir.

–Mi cuerpo es todo lo que puedo decir.

–Parece ser tu política, Andrea: todo lo que habría que ser dicho sólo puede ser dicho por el cuerpo y sus gestos. Y aquí pregunto: ¿qué tanto no es un último libro y te vuelcas a tus fotos que son una mejor forma del gesto material y corporal y entonces tu libro sella tu poética como imposible? La otra es abandonar tu apuesta y seguir escribiendo y más bien tus poemas aunque tengan discurso podrían leerse como formas del gesto. O simplemente abandonar cualquier juicio categórico y pensar que la poesía puede escapar a un programa y ser puro gasto.”

Andrea Alzati, Animal doméstico, Juan Malasuerte, 2017, 77 pp.

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