Gestos de aire y de piedra. Sobre la materia de las imágenes, de Georges Didi-Huberman

                              -Cristine Adler

La disertación en torno a la imagen ha operado recientemente en casi cualquier ámbito referente a la cultura y a la política. Se ha direccionado muchas veces en función de sus contenidos, tal como en la discusión, muy presente estos días, en torno a las imágenes de la violencia. El enfoque en el análisis de estas imágenes y su circulación no ha comprendido lo suficiente una reflexión sobre el proceso mediante el cual nos afectan. Georges DidiHuberman, como es bien sabido, ha dedicado buena parte de su obra al funcionamiento de las imágenes y con ello ha dado pie a una gran cantidad de estudios que se han nutrido de sus perspectivas. En Gestos de aire y piedra, hace un esfuerzo por comprender el modo en que las imágenes operan a través de una compleja búsqueda por la definición de su materialidad.

Dado que existe un vínculo casi intuitivo entre la palabra y la imagen, por la manera en que una genera la otra, en un inicio el autor se concentra en abordar la materia de la primera. Para ello necesariamente se acerca al funcionamiento del cuerpo en relación a ésta y en ese sentido su reflexión toma mucho del psicoanálisis, específicamente de la obra de Pierre Fédida, a quien hace una especie de elogio fúnebre. Para éste, la palabra es “un gesto que involucra todo el cuerpo, un gesto de aire creador de significados y significantes, pero también de flujos, de intensidades, de suspensos, de atmósferas, de acontecimientos impalpables que, sin embargo, se encarnan.” El aire está presente en la palabra, sirve para modularla y acentuarla. A través de pasajes de literatura, filosofía y antropología se evidencian las ocasiones en que el aire ha sido pensado como parte de nuestra relación con el mundo. Mediante el antiguo vínculo entre pneuma y psyché expone que el gesto de aire orgánico, esto es, el soplo, modula nuestro pensamiento hecho de acentuaciones, silencios e intervalos.

En tales intervalos o vacíos, donde el lenguaje encuentra su límite y donde pervive el gesto con el que llevamos el aire hacia el exterior, estos autores encuentran la presencia de la imagen. En efecto, la expiración y la inspiración son movimientos corporales que suponen circulación de imágenes. Para una asmática la afirmación es clara, y tal vez lo será con la misma facilidad para una actriz, una poeta y hasta para cierto tipo de atleta. En todo caso, la idea es más figurable cuando el autor introduce al sueño como lugar de imágenes de soplo. Ellas son evidentemente las más difíciles de llevar a la palabra y en las que la consistencia frágil del aire soplado nos es más perceptible. El lenguaje y la imagen, para Didi-Huberman, son parte de una misma estructura en círculos, en torbellinos de aire. Definir así la materia de las imágenes ayuda a comprender su impacto corporal: en términos casi fisiológicos podemos diseccionar nuestra experiencia de una imagen y analizar nuestras sensaciones. Además, el ir y venir de los gestos de aire, son aquí asociados con ayuda de Walter Benjamin a las relaciones temporales en la imagen, señaladas en otros textos por el autor. En cada soplo, como se siente con claridad en la poesía, se movilizan supervivencia y deseo, se realiza un intercambio entre la “vida del pasado” y la “vida por venir”.

Pero ¿qué sucede cuando el soplo se detiene, cuando su gesto es abatido en la ausencia? ¿Qué petrifica a la imagen con un aire sofocante? Al abordar el movimiento del aire en las imágenes, Didi-Huberman introduce el problema del duelo como un punto básico en su argumento, pues es en el dolor psíquico donde el soplo se pone en crisis. Esta imagen inmóvil, la imagen-duelo, se opone a una imagen-deseo, del aire móvil, del soplo creador que da forma y toma tiempo, y que se vuelve por tanto escultural y coreográfico. Que el duelo se problematice al lado de la imagen con el fin de entender los momentos en que se vuelve obstaculizante e impenetrable viene al caso y cobra especial significación en el contexto de la violenta cultura visual de nuestro país. Aquí está claro el momento en que las imágenes se vuelven muros inmóviles y asfixiantes. Se va formulando así el segundo elemento de la imagen: el gesto de piedra que supone el abismo, el “obstáculo frontal, el muro que nos opone brutalmente como un hoyo.”

La imagen es pues “el lugar por excelencia en donde el aire y la piedra pueden pensarse juntos –pueden pensarse como trabajando juntos–, […] ya se trate del impalpable misterio al que se alude fuera de toda vista en la expresión ‘imagen de sueño’ o, simétricamente, del muy material misterio que designa ante nuestros ojos la expresión ‘imagen del arte’.” Hacia la parte final del libro, el autor analiza lo que Fédida llamó la obra de sepultura, una noción que sustituye la noción freudiana de “trabajo de duelo” por una menos económica y más estética. Dicha obra es posible sólo en el sueño, dado que es ahí donde la memoria puede generar una sustancialización de las imágenes del muerto. En las ausencias lo que restan son siempre imágenes.

La reflexión de Didi-Huberman puede servir para pensar el tipo de imágenes que conviven en lo que aún podríamos identificar como un imaginario común mexicano. Se han hecho investigaciones sobre violencia y flujo de imágenes en México, pero quizás aún no lo suficiente como para abordar su papel en los procesos de duelo de las víctimas de la violencia. Además, pensar la dimensión estética de la ausencia como reunión “en un mismo soplo, [de] imagen, pensamiento y movimiento del cuerpo”, junto a la idea del movimiento espacial como parte fundamental en el proceso de duelo, también puede ayudar a comprender el proceso creativo de los artistas y productores culturales que han tratado de movilizar en otras direcciones el soplo de las imágenes.

Finalmente hay que destacar del libro la introducción del mismo Fédida a una discusión actual, pues tal autor no es muy presente en México, y pocos textos suyos cuentan con traducción al español –L’Absence, uno de los más importantes para el argumento de Didi-Huberman, es uno de ellos.

Georges Didi-Huberman. Gestos de aire y de piedra. Sobre la materia de las imágenes. Traducción de Melina Balcázar Moreno. Cantamares: Ciudad de México, 2015, 93 pp.

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