Brujas literarias

Lucía Cardona

La circunstancia que más ha modificado mi vida en las últimas semanas es el aumento inesperado de mis ingresos. Me he ido adaptando a la realidad del freelance, la cartera de clientes crece. ¿Qué hacer con el dinero extra? Tuve varias ideas: inscribirme a un gimnasio o a una escuela de yoga e ir todos los días; ahorrar para viajes; ahorrar para mi vejez; tomar clases de piano; gastarlo en alcohol; comprarme ropa. Finalmente tomé una decisión que me pareció intermedia entre la virtud y el placer: adquirir libros por montones, sin tener cuidado, ir a las librerías y comprarme lo que se me antojara en el momento. Tan sólo a ese cambio de estrategia financiera le debo haber leído Brujas literarias: 30 escritoras que conjugaron la magia de la literatura.

Lo vi en la mesa de novedades. Me llamó la atención el diseño pop. Me llamó la atención la palabra “bruja. Desde hace un par de años esa figura me parece sumamente atractiva. Obvio: la bruja como figura de la feminidad empoderada. Vi The Antichrist y The Witch. Leí La hechicera de Michelet. Veo videos de ASMR con roles de hechicería. Me meto a tiendas esotéricas a curiosear. Voy a un café de ambiente wicca. Me imaginé que el libro en cuestión sería muy bonito, con muchas ilustraciones, fácil, un compendio de biografías de escritoras, quizás amenizado con elementos de brujería y misterio. Pensé en comprarlo, según mi nueva actitud de presupuesto libresco. Pero dudé. Estaba envuelto en plástico y me daba pena rasgarlo frente a la mirada de los guardias de seguridad, no podía ver nada del contenido. Vi la pila de libros que llevaba, seguro rebasaba ya los mil o dos mil pesos. Además esa pila estaba llena de clásicos, elecciones seguras, escritores importantes que leería algún día con toda seguridad, puros varones. ¿Y este libro, de dos autoras para mí completamente desconocidas, este libro tan pop, dirigido a las masas, quizás a las adolescentes que sueñan con ser escritoras? Pero precisamente eso era lo que más me llamaba la atención, comprarme un libro para teens. Leerlo es tan sólo uno de los motivos para comprarse un libro. Hay libros que uno compra sencillamente para tenerlos, para hojearlo, para tomarlo entre las manos, acariciar su portada. No leo, realmente, cómics ni mangas, pero de vez en cuando los compro por la ternura que me dan los dibujos, ese mundo menos complicado que representan. A la chingada, dije, contenta, y añadí Brujas literarias a mi pila feliz de títulos.

Al llegar a mi casa y pasar por el ritual usual de sentarme a rasgar los plásticos de los libros y hojearlos con calma uno por uno, me llevé una decepción. Las ilustraciones, de Katy Horan, me parecieron algo feas, sin mucho interés. Me imaginaba una ilustradora de fantasy, pero su estilo tiene más que ver con los collages de Monty Python o los videos de The School of Life. Peor las aportaciones de Taisia Kitaiskaia, poeta y bloggera, que consisten en pequeños párrafos de prosa poética –invocaciones, según el prólogo- “inspirados” en las vidas de las treinta escritoras. Quizá se deba a la traducción al español, pero cuando fui lo suficientemente diligente como para leer dos o tres “poemas”, no pude evitar preguntarme con enfado: ¿y?, what’s the point? Habría que ser fan de Kitaiskaia para interesarse en esos textitos ya que aportan poquísimo como introducción a las escritoras -que según entiendo era el objetivo del libro. Cito el caso de Emily Brönte:

“¿Qué es lo que le susurran las hormigas a Emily mientras trepan a los árboles destruidos de allá afuera? Emily pega una oreja contra la corteza y escucha. Irá a su palacio… Será la hormiga reina… Hará que se enfrenten con otros reinos de hormigas… Las observará hacer el amor y la guerra.”

¿Qué? Como lectora enamorada de Wuthering Heights, no puedo evitar preguntarme qué carajos tiene que ver aquello con la obra de Emily.

Enojada con Kitaiskaia y fría con las ilustraciones de Horan, pasé las hojas con decepción mientras pensaba que había gastado trescientos pesos en una tontería. Sin embargo, algunos perfiles me fueron deteniendo. Además de los retratos y las invocaciones, el libro contiene breves semblanzas informativas y lecturas recomendadas de cada escritora. Esto, por más básico, funciona muy bien. Además de las brujas que todos conocemos, como Brönte, Sylvia Plath, Woolf, Safo, Dickinson, Anne Carson, entre otras, el libro contiene muchas para mí desconocidas, y con la lectura de sus perfiles me fui entreteniendo. Abría una página al azar y leía. Anoté el nombre de varias que me interesaron. Me fui dando cuenta que el libro en realidad es muy bonito, como un cómic, con un diseño atractivo. Poco a poco las ilustraciones de Horan me fueron gustando más. Con Kitaiskaia sigo molesta.

Decidí que la decena de nombres que saqué del libro valieron los trescientos pesos, y lo puse en mi librero. De vez en vez lo sacó para mirarlo. Quiero tener más libros así de bonitos. Quisiera tener una prima o sobrina de 12 años para regalárselo.

Brujas literarias. 30 escritoras que conjuraron la magia de la literatura, Taisia Kitaiskaia y Katy Horan, Planeta, México, 2018, 135 pp.

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