Kill All Normies, Angela Nagle

–Raúl Cordova

Tal vez sería una exageración atribuir la elección de Trump a los combates culturales en internet, así como también –y estas proposiciones suelen ir juntas– afirmar que los medios tradicionales perdieron del todo el dominio de la política en 2016. Precisamente la base del actual presidente de los Estados Unidos es la audiencia de Fox News. No creo que los teenagers de la alt-right, pegados a sus monitores, superen en número e importancia a los granjeros del Mid-West, por lo general republicanos y no del todo conocedores de 4Chan. El mundo que Angela Nagle analiza es, para retomar el comentario de Foucault sobre Marx, una tormenta en un vaso de agua. Pero es que es justamente en esos mundos pequeños, en esos análisis microscópicos –la plusvalía en el caso de Marx, la derecha cibernética en el caso de Nagle– de donde muchas veces se pueden extraer lecciones fundamentales.

El libro de Nagle es un análisis de cómo la cultura de la transgresión en internet fue poco a poco dirigida, apropiada, por la derecha. En su descripción, la práctica del trolling, del just for the lulz, que al principio parecía ser una tendencia a la transgresión pura, independiente de cualquier ideología, terminó por identificarse con la derecha debido a la reacción de la izquierda cibernética, que asumió el bando de la prohibición, de la decencia moral, de la correctitud, del tabú.

Presta para expresar su indignación, la izquierda de campus estadounidense cometió el error de reaccionar a los trolls desde una perspectiva política, cuando lo más probable es que se tratara, al inicio por lo menos, tan sólo de transgresión infantil. Al hallar ese inesperado enemigo, que además se ofendía fácilmente —don’t feed the troll— todo el sistema de valores progresistas se volvió un blanco gigantesco para los usuarios de /b/ en 4Chan. Además, en dicho espacio ya había una cultura de acentos misóginos, derivaciones de rechazos sufridos, que en su versión extrema se vuelve una tribu urbana: los incels (involuntary celibacy). Toda una reserva de rejects, cuyo único consuelo era ser machos alfa digitales, respondieron de manera natural al embate de la izquierda feminista y bien pensante, que atentó contra uno de los únicos espacios en que estos hombres solitarios y por lo general deprimidos podían descargar sus frustraciones y obtener una carcajada oscura. Atacados por la izquierda, los trolls pensaron que era natural pertenecer entonces a la derecha.

Se podría afirmar que a grandes rasgos la transgresión de los valores establecidos era un atributo característico de la izquierda a lo largo del siglo XX: desde las vanguardias artísticas de inicios de siglo hasta la revolución cultural de los sesenta, la actitud crítica respecto de los sistemas políticos y económicos implicaba también, en la gran mayoría de los casos, una actitud crítica respecto de la moral dominante. Defender los valores tradicionales y apoyar la guerra en Vietnam eran dos puntos de un mismo programa, del mismo modo que participar en el movimiento anti bélico y experimentar con sustancias y con prácticas sexuales, afectivas y de vida comunitaria eran también actividades afines.

Uno de los puntos principales de Kill All Normies es que esa toma de posiciones respecto de la decencia ha cambiado por completo. Se podría argumentar que la izquierda ganó el combate cultural de los sesenta e impuso sus valores (hasta un cierto punto, y quizá fue más bien que el mercado se apropió de esos valores): la conciencia de género, la libertad sexual, los derechos reproductivos, la lucha contra el racismo, etc. Es cierto que grandes porciones de la población son hostiles a dichas tendencias, pero creo que podemos convenir en que una cosa deja de ser subversiva cuando la ONU, la UE y hasta la FIFA la apoya. En cambio, los valores de la alt-right, el nacionalismo, el racismo, el uso de la violencia, y en algunos casos –ya que la derecha no es más homogénea y existen ecologistas de derecha– la negación del cambio climático y las teorías de conspiración, son ahora, para el consenso cultural imperante, ideas incorrectas, indebidas, transgresoras.

De tal manera, como garante de los valores hegemónicos, parte de la izquierda tomó la posición de la correctitud, una posición a la defensiva que antes le pertenecía a la derecha (a las familias, a la religión cristiana, al mundo del trabajo y las empresas). La tumblrzación* de la izquierda –esa entronización de la fragilidad como virtud– es probablemente una de las tendencias más dañinas de los últimos años, afirma Nagle. Las peores prácticas del puritanismo -la clausura del debate y de la libertad del lenguaje, el tabú, el estigma- se hallan allí. Esto dejó un vacío que fue una presa obvia para la derecha: adueñarse de la atractiva posición del rebelde. Estamos en problemas cuando es cool ser de la alt-right. A lo largo de la historia la derecha ha sido, por lo regular, más eficaz en el uso de la fuerza. Es preocupante que ahora también lo sea en el combate cultural.

*Si 4Chan es la plataforma preferida de la alt-right, Tumblr lo es de la izquierda de campus.

Kill All Normies, Angela Nagle, Zero Books, Reino Unido, 2017, 120 pp. (Edición en español: Muerte a los normies, Orciny Press, Barcelona, 2018)

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