Colección Vientos del Pueblo del FCE

–Mauricio Prado Jaimes

Todavía no asumía la dirección del Fondo de Cultura Económica, enredado en cuestiones jurídicas y administrativas, cuando Paco Ignacio Taibo II ya había anunciado con bombos y platillos el lanzamiento del que, hasta ahora, es su proyecto estrella: la colección Vientos del Pueblo, título homónimo al poema de Miguel Hernández y la canción de Víctor Jara. En palabras del propio Taibo II, se trata de un «intento por producir una colección de libros que va desde los 9 a 20 pesos, en tirajes supermasivos y cuya intención es llegar con estos precios hasta la última ranchería del país. Que el precio de los libros no sea obstáculo para que alguien pueda comprarlos»1.

La misión quedó a cargo de Luis Arturo Salmerón quien, hasta el momento, ha coordinado la publicación de diecinueve títulos de esta colección. Cada título cuenta con un tiraje de 40,000 ejemplares, por lo que actualmente la colección completa consta de 760,000. Sin duda un número impresionante para la industria editorial mexicana, que expresa plenamente la intención de construir la «república de lectores» que Taibo II ha trazado como meta durante su gestión del Fondo de Cultura Económica.

Todos son textos breves, el más corto tiene catorce páginas y el más extenso sesenta y dos, sin embargo, el contenido neto es menor ya que todos los títulos están ilustrados con grabados, caricaturas o fotografías que complementan la lectura de forma muy bien lograda.

Pero, ¿cómo está construida esta selección de textos? ¿Cuál fue el criterio para elegir estos textos y no otros de los miles de títulos que posee el Fondo de Cultura Económica? ¿Cuál es la visión de la lectura y del país que encarnan? Si bien no hay respuestas claras a estas preguntas por parte de la dirección de Fondo, es posible encontrar pistas en los propios textos. En general, considero posible agrupar los textos de esta colección en cuatro grandes grupos temáticos.

Un primer grupo de títulos están compuestos por textos que tienen por temática principal la narración de una serie de agravios e injusticias a sectores populares por parte del Estado en diversos momentos históricos.

Por ejemplo, en Los treinta y tres negros de Vicente Riva Palacio —ilustrado por El Fisgón— se cuenta una historia de la rebelión de esclavos africanos en Veracruz durante el siglo xvii. El texto narra cómo, tras un relativo triunfo militar de los rebeldes ante las autoridades coloniales, cunde el pánico en la Ciudad de México ante una posible «sublevación de negros» que llegaría hasta la capital. En consecuencia, para acallar los rumores, se mandó a la horca a veintinueve negros y cuatro negras en el zócalo capitalino en 1612.

Por su parte, el reportaje clásico de John Kenneth Turner, Los esclavos de Yucatán —con grabados de Eko— narra cómo en pleno siglo xx los hacendados yucatecos mantenían en la más brutal esclavitud a indígenas mayas y yaquis. Sin duda un texto que, en su momento y en la actualidad, pinta de cuerpo completo el gobierno de Porfirio Díaz y contribuye a su descrédito.

El cuento de Edmundo Valadés, La muerte tiene permiso —ilustrado por Antonio Helguera— nos muestra a través de la voz del personaje principal, un campesino de San Juan de las Manzanas, una serie de injusticias que se viven en su comunidad por parte del presidente municipal, ante unos atónitos representantes del gobierno federal emanado de la Revolución mexicana. El nudo surge cuando los campesinos hacen una solicitud inusual a las autoridades federales: tomar justicia por su propia mano y matar al presidente municipal. El final es imposible que no arranque una sonrisa irónica.

En este grupo de textos de agravios está también La huelga de Nueva Rosita —ilustrado por Ricardo Peláez— de Mario Gil, un periodista militante del Partido Comunista Mexicano. En este reportaje se sigue la lucha obrera minera de 1950 en Nueva Rosita, Palaú y Cloete; abarca desde el contexto histórico, la narración de la marcha de cinco mil huelguistas a la Ciudad de México, la recolección de testimonios de la época, y un balance por parte del autor sobre el movimiento desde una postura militante.

El último texto de este primer grupo corre por parte de Fabrizio Mejía Madrid con su texto Loxicha. Los ejércitos de la noche —ilustrado por Ricardo Peláez—. Una crónica durísima sobre la caótica violencia que se vivió en Loxicha, un pueblo de Oaxaca que prácticamente quedó deshabitado tras la llegada del ejército en 1996 con la intención de combatir al Ejército Popular Revolcionario (epr). En esta crónica se narran ejecuciones, desapariciones y torturas arbitrarias, así como la destrucción del tejido social que lleva a conocidos y vecinos volverse delatores. Un texto que tiene ecos con episodios más recientes como Tlatlaya, Ayotzinapa o Apatzingan.

Como se percibe, estos cinco textos —Los treinta y tres negros, Los esclavos de Yucatán, La muerte pide permiso, La huelga de Nueva Rosita y Loxica— resultan temáticamente familiares porque trazan una línea, desde el periodo colonial hasta finales del siglo xx, sobre distintos agravios e injusticias que ha cometido el Estado ante sectores populares. La composición social también parece interesante: afromexicanos, indígenas, campesinos y obreros son los sectores combativos que sufren la represión estatal.

El segundo grupo de textos de Vientos de pueblo consta de cuatro títulos y temáticamente aborda momentos históricos clave de México, en un sentido clásico de la historiografía nacional. Son textos patrióticos en el sentido tradicional de una educación cívica con una clara tendencia hacia la narración de episodios bélicos, lo cual no deja de ser interesante para analizar los momentos históricos que se han decidido recuperar en esta gestión del Fondo y de la 4T.

El texto más cívico probablemente sea Apuntes para mis hijos de Benito Juárez —ilustrado por Rafael Pineda, Rape—; la autobiografía de Juárez que narra su trayectoria desde ser un campesino en Oaxaca hasta ser presidente de la república en una época muy convulsa, para terminar retirándose en su estado natal. Es imposible no relacionar la publicación de este título con la admiración del presidente López Obrador por el juarismo.

Los tres títulos restantes de este grupo son bélicos. El texto de Guillermo Prieto Los yanquis en México —con pinturas de la época— narra con gran detalle, que por momentos resulta cansado a la lectura, la resistencia militar ante la invasión estadounidense de 1847. La narración abunda en lugares, nombres y tecnicismos militares. Lo más rescatable sin duda es el fragmento final cuando la «plebe» se lanza contra los invasores cuando éstos llegan al zócalo de la ciudad. La dosis de antimperialismo en la colección corre por cuenta de este texto.

Por su parte, el texto de Juan A. Mateos Los mártires de Tacubaya —con grabados de Eko— narra un fusilamiento de prisioneros liberales a manos de los conservadores en 1859. Es un texto de denuncia de Juan A. Mateos que busca desprestigiar ante la opinión pública de la época a los conservadores por esta masacre injustificada que realizaron en Tacubaya. Hoy en día, este relato encaja perfectamente en la narrativa del gobierno de desprestigio ante los conservadores del siglo xix.

El último libro de este grupo es La batalla de Zacatecas de Alberto Calzadíaz Barrera —con fotografías de la época—, una crónica donde se narra una batalla decisiva de la Revolución mexicana protagonizada por la División del Norte contra el gobierno de Victoriano Huerta en 1914. Abundan detalles militares del enfrentamiento, aunque quizás lo que más se queda en la memoria del lector es el arrojo de Pancho Villa y lo cruento de la batalla por el paisaje de muertos que dibuja Calzadíaz. ¿Influencia de Taibo II por su trabajo sobre el villismo?

El tercer grupo de textos abandona al Estado como protagonista y aborda el problema del machismo y la violencia de género en México durante el siglo xx de la mano de tres grandes autoras mexicanas: Elena Poniatowska, Rosario Castellanos e Inés Arredondo. Los tres son textos narrativos que, sin duda, resultan sumamente pertinentes para el contexto actual.

El cuento de Poniatowska, Noche de viernes —ilustrado por César Silva—, narra de forma muy divertida la situación de Esmeralda Loyden, una mujer con cinco maridos que se enfrenta al conservadurismo de un trabajador del ministerio público que lleva su caso de «adulterio». Esmeralda enfrenta la moral puritana del funcionario con sincera ingenuidad que de inmediato empatiza con el lector; los cinco maridos van a apoyarla y consigue también el respaldo de mujeres funcionarias del ministerio público. Se trata de un texto que logra poner en jaque la moralidad monógama de una sociedad conservadora con una crítica a través del humor.

Por su parte, el texto de Rosario Castellano, Los convidados de agosto —ilustrado por Ricardo Peláez—, nos cuenta cómo una mujer de clase alta espera con ansias la feria del pueblo en Comitán, Chiapas, para salvarse de una soltería que se le presenta como fatal por la moral y las costumbres de su pueblo. En este caso, el machismo está incrustado en las tradiciones que no perciben la valía de una mujer salvo por su matrimonio.

Por último, el cuento de Inés Arredondo, La sunamita —ilustrado por César Silva—, es uno de los más cargados emocionalmente en toda la colección; narra la relación entre una mujer joven con su tío moribundo. Con una narrativa escalofriante va contando la transición de un cariño filial a una relación morbosa del tío hacia su sobrina, llegando incluso a acosarla sexualmente.

Como se puede ver, se abordan importantes cuestiones de género como el conservadurismo sexual, el machismo tradicional, el matrimonio y la violencia sexual. A diferencia de los otros dos grupos de textos, en este no hay una referencia directa al Estado, sino que el problema es la sociedad misma. Sin duda, temas y textos urgentes en el contexto actual para educar a través de la lectura sobre la violencia hacia las mujeres.

Finalmente, hay otro grupo de textos que no abordan propiamente ninguna cuestión social, política o ideológica de forma explícita, sino que son textos de narrativa donde en algunos casos se puede entrever alguna cuestión sobre la vida de sectores populares, y en otros simplemente son textos divertidos para leer.

Entre los menos cargados ideológicamente y, quizás, enfocados a un público más joven está Riki-tikki-tavi del escritor británico Rudyard Kipling e ilustrado por César Silva. Un cuento divertido sobre las aventuras de una mangosta que defiende su hogar adoptivo de unas serpientes. También está El intérprete griego de Arthur Conan Doyle —ilustrado por Ricardo Peláez—, un cuento típico sobre un misterio que debe resolver Sherlock Holmes. Asimismo, el texto de Emilio Carballido, Un cuento de navidad —ilustrado por José Hernández—, aporta a la colección al ser un divertido guion de teatro que narra la lucha entre dos sujetos disfrazados de Santa Claus en un centro comercial por tomarse fotos con los niños.

Hay otros textos que tienen por escenario la vida de sectores populares. Entre ellos hay un texto de Rafael Ramírez Herendia, El rayo Macoy —ilustrado por José Hernández—, que cuenta la historia de un personaje que pasa de ser repartidor de medicamentos a ser un boxeador famoso; este es, para mi gusto, el texto más complejo en términos de narrativa. También hay un texto de Juan Villoro, Yo soy Fontanarrosa —ilustrado por Ricardo Peláez—, que narra la aventura de un escritor que es detenido por la policía por orinar un busto de Juárez, por lo que tiene que jugar un partido de futbol en el equipo de los policías para negociar su libertad (tan Villoro).

Por su parte, hay dos cuentos que aportan la perspectiva latinoamericanista a la colección: Chaco de la escritora boliviana Liliana Colanzi (ilustrado por Daniel Silva) y Dochera del escritor también boliviano Edmundo Paz Soldán (ilustrado por Rafael Pineda, Rapé). Dos cuentos contemporáneos de gran calidad e interés narrativo que tienen resonancias de la tradición literaria de la región. En estos dos títulos se puede entrever la perspectiva latinoamericanista que Taibo II pretende darle al fce y que están en sintonía con la reciente inauguración de una sede del Fondo en La Paz.

Estos son, hasta ahora, los diecinueve títulos de Vientos de pueblo. Todavía no es la colección completa pero creo que ya delimitan de forma bastante clara la intención ideológica que presenta este proyecto. Como se ve, hay textos sobre la violencia del Estado ante grupos oprimidos, sobre la violencia de género hacia la mujer, momentos patrióticos (con predominancia bélica), textos que tienen por escenario la vida de sectores populares y textos exclusivos para el disfrute.

Desde que empecé a acercarme a la colección tuve la duda de si su contenido no era repetitivo con otras colecciones del Fondo. Sentía que podía parecerse a la colección Cultura popular, Fondo 2000 o incluso A la orilla del viento y podría ser un esfuerzo repetido. Pero después de revisar los títulos hasta ahora publicados queda claro que Vientos de pueblo cumple una función diferente; son textos que buscan acercar a la gente a la lectura a partir de clásicos de gran calidad, pero no sólo eso, sino que buscan provocar al lector, difundir un mensaje con una postura ideológica y en ese sentido educar a través de la lectura crítica.

Al final, queda la sensación clara de que estos textos están diseñados para la lectura en grupo, en voz alta, donde al final se pueda discutir sobre lo que cada lectura sugiere. Son textos de batalla, para salir a las calles y discutirse. En este sentido, este proyecto entronca muy bien con la iniciativa del Fondo de vincularse con las escuelas normales y con el fomento de clubes de lectura.

Una flor no hace primavera y una colección no hace una «república de lectores», pero hasta ahora parece que las ventas están respaldando el esfuerzo: ya se han agotado cuatro títulos, esto es 120,000 ejemplares2. Sin duda, un proyecto que merece interés por ser la campaña de difusión de la lectura más agresiva en las últimas décadas al cual habrá que seguirle la pista cuidadosamente.

1Reyna Paz Avedaño, «La nueva colección Vientos del pueblo ofertará libros de 9 a 20 pesos: Taibo II», en Crónica, 01 de marzo 2019 [http://www.cronica.com.mx/notas/2019/1111807.html]

2Mónica Mateos-Vega, «El FCE ha vendido más de un millón de libros en la gestión de Taibo II», La Jornada, 21 de agosto 2019. Disponible en: https://www.jornada.com.mx/2019/08/21/cultura/a03n1cul

Un comentario en “Colección Vientos del Pueblo del FCE”

  1. Muy interesante resenia (este teclado no me deja poner la letra n´´ ). Lamento que haya una omisión tipográfica en donde -cinco párrafos antes del final- dice:
    en el equipo de los policías para negociar su libertad (tan Villoro).
    (El siguiente párrafo comienza así:
    Por su parte, hay dos cuentos que …)

    entre esas dos palabras ( (tan Villoro).)
    me parece que falta algo.
    Hace poco conocí esta colección que me llamó la atención por los precios especialmente. Muchos cuentos ya los conocía, en tanto muchos más no.
    Se agradece su atención
    Gustavo Mota

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