De la poética de Baudelaire

–Julio Moguel


Nota de presentación

De Las Flores del mal, libro maestro de Baudelaire, se subestima por lo general o se pasa muy seguido de largo su extraordinario “mensaje al lector”, o lo que él mismo ubicó como una presentación. Integro aquí una traducción de dicho “mensaje”, que, me parece, es más cercana a la “estética de la recepción” que la poética baudelaireana requiere. Con la esperanza de poder presentar en un corto plazo una nueva traducción del conjunto de esa maravilla de la literatura moderna.

AU LECTEUR

La sottise, l’erreur, le péché, la lésine,
Occupent nos esprits et travaillent nos corps,
Et nous alimentons nos amaibles remords,
Comme les mendiants nourrissent leur vermine.

Nos pechés son têtus, nos repentis sont lâches ;
Nous nous faisons payer grassement nos aveux,
Et nous rentrons gaiement dans le chemin bourbeux,
Croyant par de vils pleurs laver toutes nos taches.

Sur l’oreiller du mal c’est Satan Trismégiste
Qui berce longuement notre esprit enchanté,
Et le riche métal de notre volonté
Est tout vaporisé par ce savant chimiste.

C’est le Diable qui tient les fils qui nous remuent !
Aux objets répugnants nous trouvons des appas;
Chaque jour vers l’Enfer nous descendons d’un pas
Sans horreur, à travers des ténèbres qui puent.

Ainsi qu’un débauché pauvre qui baise et mange
Le sein martyrisé d’une antique catin,
Nous volons au passage un plaisir clandestin
Que nous pressons bien forte comme une vieille orange.

Serré, fourmillant, comme un million d’helminthes,
Dans nos cerveaux rivote un peuple de Démons,
Et, quand nous respirons, la Mort dans nos poumons
Descend, fleuve invisible, avec de sourdes plaintes.

Si le viol, le poison, le poignard, l’incendie,
N’ont pas encore brodé de leurs plaisants dessins
Le canevás banal de nos piteux destins,
C’est que notre âme, hélas ! n’est pas assez hardie.

Mais parmi les chacals, les panthères, les lices,
Les singes, les scorpions, les vautours, les serpents,
Les monstres glapissants, hurlants, grognants, rampants,
Dans la ménagerie infâme de nos vices,

Il en est un plus laid, plus méchant, plus immonde !
Quoiqu’il ne pousse ni grands gestes ni grands cris,
Il ferait volontiers de la terre un débris
Et dans un bâillement avalerait le monde ;

C’est l’Ennui ! – L’œil chargé d’un pleur involontaire,
Il rêve d’échafauds en fumant son houka.
Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat,
-Hypocrite lecteur, – mon semblable, -mon frère !

AL LECTOR

La idiotez, el error, la avaricia, el pecado,
ocupan nuestro espíritu y desgastan nuestro cuerpo,
mientras alimentamos nuestros remordimientos complacientes
como los mendigos nutren sus parásitos.

Nuestro pecado es necio, cobarde nuestro arrepentimiento;
logramos buena retribución por nuestras confesiones,
y volvemos alegres al camino enfangado
creyendo que unas lágrimas simples lavan los errores.

En la almohada del mal es Satán Trismegisto
quien mece sin cesar nuestra alma embrujada,
y el valioso metal de nuestra voluntad
se evapora por acto de ese sabio alquimista.

¡El diablo maneja los hilos que nos mueven!
Encontramos encantos en cosas que repugnan;
sin horror descendemos día a día al Infierno,
a través de tinieblas que hieden.

Igual que un libertino pobre que besa y mordisquea
los martirizados pechos de una antigua ramera,
nosotros robamos al paso un placer clandestino
que exprimimos con fuerza como a una naranja añeja.

Apretado y hormigueante, como un millón de helmintos,
vive en nuestra mente un pueblo de Demonios,
y cuando respiramos, la Parca, río invisible, desciende
a los pulmones con un sordo lamento.

Si la violación, el veneno, el puñal, el incendio,
aún no han bordado sus curiosos dibujos
el banal cañamazo de nuestro mísero destino
es porque nuestra alma, ¡Ay!, a pecar no se atreve.

Pero entre los chacales, las panteras, los linces,
los simios, las serpientes, escorpiones, los buitres,
los monstruos que gruñen, que aúllan, que reptan, que gritan,
en la casa de fieras infame de nuestros vicios

¡Hay uno más feo, más malvado e inmundo!
Aunque no gesticule ni lance grandes gritos,
con gusto haría de la tierra un deshecho
y en un bostezo se tragaría al mundo;

¡Es el Hastío! –El ojo cargado de un llanto involuntario,
Sueña cadalsos mientras fuma su pipa.
Lector: tú ya conoces a ese monstruo exquisito,
-¡Hipócrita lector, mi doble, hermano mío!

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