Survivors in Mexico: Rebecca West y su libro póstumo 

–Dylan Brennan

En 1966 Rebecca West (mejor conocida por Cordero negro, halcón gris: un viaje al interior de Yugoslavia) viajó a la Ciudad de México con el propósito de entrevistar al nieto de Trotsky, Esteban Volkov, para la revista New Yorker. Sin embargo, su interés en el país le llevó a abandonar la entrevista y optó por planear un proyecto más extenso: un libro completo, lo que Bernard Schweizer llama “una anatomía cultural” al estilo de Cordero negro, halcón gris. Lo que nos queda es un conjunto de capítulos editados y organizados por Schweizer y publicado en 2003 con el título Survivors in Mexico. El elenco de personajes escogido por West pudo haber sido más imaginativo: hay capítulos dedicados a los sospechosos habituales de Frida Kahlo, Diego Rivera, Hernán Cortés, Doña Marina y, por supuesto, Leon Trotsky, entre otros. Un lector que ya conoce bien la historia de la conquista o de la Virgen de Guadalupe encontrará secciones del libro en las cuales no habrá muchas razones para detenerse. Sin embargo, West se muestra mucho mejor cuando vincula sus impresiones de México con cuestiones más amplias o personales. Por ejemplo, su capítulo sobre la minería se convierte en un fascinante análisis de la inflación global que fue resultado del “descubrimiento” del oro y plata del nuevo mundo. En el capítulo que escribe sobre Trotsky sus amplios conocimientos de la historia y política moderna, además de su habilidad  narrativa, se manifiestan claramente. Cuando hace conexiones con su experiencia en México y su propia historia familiar cautiva al lector. Una descripción del famoso telón que no hizo el Dr. Atl para el Palacio de Bellas Artes (sino Harry Stoner, de la Casa Louis Comfort Tiffany) le lleva a narrar las conexiones entre su padre y los famosos pensadores anarquistas Elie y Eliseé, mejor conocidos como los hermanos Reclus: “mi padre fue en parte Elie Reclus toda su vida… [y] como mi padre era Elie Reclus, también yo”.

Como otros pensadores angloparlantes que visitaron a México en el siglo veinte West contempla al mexicano, especialmente al indígena, como algo exótico y, de cierta manera, inalcanzable, diciendo que los indígenas viejos “tienen un aire de misterio sobrenatural” e incluso compara el color de piel de la gente que ve en la calle con el tono de su bebida favorita: una mezcla de café con cacao. Sin embargo, en general su texto muestra simpatía con los más oprimidos del país: “El indio despierta un temor amargado en sus paisanos blancos y mestizos por el hecho de que sienten que son los responsables de su pobreza. […]. Sentir culpabilidad por el maltrato del pasado de gente que uno quiere maltratar en el presente y en el futuro: esto sí es demasiado complicado para dar como resultado una salud mental verdadera”. Lo que contrasta de manera notable con su desprecio hacia los musulmanes: “Si Fernando e Isabel no hubieran pensado de manera tan rápida, lista y audaz, no estaría contemplando la plaza empedrada de la Basílica de la Virgen de Guadalupe, sino a un mezquita, y las mujeres en mi entorno llevarían velos y no tendrían caras sino hocicos negros…” Para West, comparada con la posibilidad de un imperio americano-musulmán, el tratamiento cruel y salvaje de Cortés y sus compatriotas fue un mal menor. Esto explica, de cierta manera retorcida, cómo es posible que una pensadora izquierdista con inclinaciones anarquistas, justificara (y hasta admirase) a un colonialista homicida.

En 2004 Enrique Krauze publicó en Letras Libres su reseña del libro póstumo de West, en la cual declara que: “Survivors in México de Rebecca West pudo haber sido la anatomía histórica definitiva de México. Estilista suprema, observadora sutil de la conducta humana en sus más extrañas paradojas y contorsiones, los notables talentos de West para rastrear la gravitación del pasado –’ese gran embriagador de naciones’– habrían encontrado terreno fértil en este país obsesionado por su historia.” Es cierto que West escribe de una manera tanto aguda como erudita. También es cierto que su libro sí vale la pena leerse, especialmente si al lector le interesan las representaciones de México a través de ojos extranjeros, tema que (no debe extrañar) a mí me interesa bastante. Sin embargo, ¿cómo podría su texto representar “la anatomía histórica definitiva de México” (como si tal cosa fuera posible)? ¿No es cierto que cada escritor está indisolublemente ligado a sus propios prejuicios, deseos e inclinaciones políticas? Y así es con West. Su libro quedó inconcluso pero aunque el texto hubiese sido terminado y editado mientras vivía no podría haber resultado en algo definitivo. Siempre habrá espacio para otras perspectivas. La visión de México es la suya, y ¿cómo podría ser diferente?

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