La soledad de los archivos compartidos, Desierto sonoro de Valeria Luiselli

–Angélica Ahuatzin

“¿Qué pasa cuando los niños se quedan solos por completo?” se cuestiona la madre protagonista de esta novela a causa de los miedos del hijo luego de leer El señor de las moscas. La pregunta se manifiesta en la primera de las cuatro partes que conforman el libro, cuyo título original es The Lost Children Archive. La duda surge durante el viaje de una familia de archivistas sonoros; el padre enfocado en la historia de despojo y genocidio de la Apachería, y la madre, periodista, en el éxodo de niños centroaméricanos buscando asilo en Estados Unidos. Sus hijos, en cambio, viven un traslado paralelo en el que ambas historias diluyen sus distancias temporales y se acoplan a los juegos infantiles de persecución y búsqueda tan naturales en las personas de su edad.

Desierto sonoro es la tercera novela de Valeria Luiselli, un tanto cercana a su primera novela Los ingrávidos (2011) en cuanto al ambiente de la vida conyugal en desgaste. Sin embargo, en este tercer libro se aprecian fórmulas narrativas que lo acercan más a Los niños perdidos (un ensayo en cuarenta preguntas) (2016) debido a su estructura de archivo concéntrico que pone en evidencia el entramado de historias relacionadas entre sí. Por una parte tenemos el agotamiento de un matrimonio distanciado por los proyectos —en apariencia— incompatibles; por otro, la vida de la indocumentada Manuela y sus hijas perdidas en el desierto; y por una última parte la imaginación de dos hermanos encantados con los ecos de la tribu de Gerónimo en un Sur estadounidense no muy distinto al de siglos atrás.

De inicio, bajo la voz de la madre, el lector tiene la posibilidad de proyectarse en los dilemas de la vida adulta, incluso tener la expectativa de una historia plana y circular. A ratos, esta perspectiva se pierde cuando la narradora incorpora lecturas paralelas de registro muy contrastante, lo que brinda un necesario distanciamiento de la bruma conyugal. Sin embargo, conforme se destapan las cajas de archivo de cada integrante de la familia, la narración termina fluyendo con la misma practicidad que caracteriza el lenguaje de los niños.

La crisis fronteriza en Estados Unidos es el eje central de la novela, no porque en ella exista una carga política de evidente denuncia (como si la hay en su ensayo Los niños perdidos…), sino porque compendia un archivo de voces silenciadas que todavía hacen eco en el páramo de las crisis modernas sin resolver. Sobre el paisaje desértico de su mapa, la familia protagonista va recorriendo los puntos estratégicos de un desplazamiento extendido, desdibujando la línea que lo separa de su pasado, petrificándolo en un presente infinito.

Para acercarnos a la Historia y las historias de un país tan pluricultural como Estados Unidos, es imperante detenerse en el panorama de sueños rotos que genera cada año. Hasta 2020 se tenían calculados cerca de 14 mil niños detenidos en “refugios” migratorios. La cifra de detención de infantes incrementó bajo el mandato de Donald Trump y sus políticas antimigratorias. Las fotografías de pequeños dentro de jaulas, llorando arrinconados, es quizá una de las imágenes más crudas de la década, pues precede a aquella otra de Alan Kurdi, niño sirio ahogado en las costas de Turquía. En algunas entrevistas, la autora enfatiza en la carga ética que se adquiere al narrar una historia que, pese a ser cercana, no es del todo nuestra; la trama de su novela confirma dicha responsabilidad: narra desde el privilegio del expectador, pero al mismo tiempo desde la exigencia del documentalista.

El lugar común de que la literatura de viajes apunta casi siempre a las profundidades del conocimiento hacia uno mismo no es un cliché gratuito. Es cierto que toda aventura exterior circunda las orillas de lo que creemos ser hasta entonces. Es cierto que hay un antes y un después, aunque no siempre es fácil concluir si ha sido mejor o peor. Los personajes de Desierto sonoro proyectan aquellas aspiraciones que, tanto en la realidad como en la ficción, son factibles. Los registros de sus viajes familiares o de sus tránsitos migratorios conducen al lector a esa otra travesía al centro de su humanidad, la diáspora en la que se podría resumir la historia de nuestros actuales territorios nacionales: el despojo, la opresión racial, la resistencia, la memoria… En fin, un enorme archivo de soledades compartidas que afrontan el silenciamiento y la pérdida.

Desierto sonoro, Valeria Luiselli (traducción de Daniel Saldaña París y la autora), Editorial Sexto Piso, España, 2019, 458 pp.

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