El furgón de los locos, Carlos Liscano

–José Miguel Barajas García

 

La novela del escritor uruguayo Carlos Liscano (Montevideo, 1949), publicada en el año 2001 por la editorial Planeta relata, desde la literatura, acontecimientos que tienen una base autobiográfica de tres momentos importantes en la historia personal del autor: la muerte de los padres mientras se encontraba preso por sus acciones políticas como parte del movimiento Tupamaro, la tortura que padeció en la cárcel y el momento de la liberación, trece años después. Aunque en la base se halla un testimonio, el libro no por ello carece de una voluntad de forma literaria. Así, desde el inicio se comprende que para el narrador es importante, muy importante, estudiar español para saber expresarse de manera escrita. A él le toca enseñarlo a su compañero de celda, el Cholo González, para ello tuvo que recordar la manera de aprenderlo en la escuela y asume su compromiso didáctico con la seriedad de quien busca resultados óptimos. También, más adelante, comprende que para escribir, cuando se asume escritor, debe leer mucho y escribir aquello que debe y necesita decir. Esa voz así entrenada, en consecuencia, se vuelve ágil y en ningún momento presenta descuidos. Avanza a través de la novela en oraciones cortas, firmes, pero nunca rígidas. Antes bien se trata de una voz amable que, gracias a esa cualidad, evita que dejemos de leer a pesar de que lo narrado sea muy duro y que quien lo cuente lo haya vivido. Como el espíritu y la dignidad a la que se hace referencia en los años de la cárcel, la voz del narrador tampoco se quiebra.

El primer apartado, “Dos urnas en un auto”, relata momentos de la infancia del pequeño Carlos como el día en que nace su hermana. Desde ahí, el carácter del personaje se muestra contundente. Mientras espera en la sala del hospital aprende, y no es fortuito en la trama, a leer la hora, a medir el tiempo, y aunque desea que pase más rápido para poder comprobar que ha aprendido, comprende que al tiempo no se le gana; pero sí que se puede llegar a conocer la paciencia a través de él y con ello habitar mejor a voluntad cada instante. El tiempo expresado por la voz narrativa, el de la enunciación, habla en presente para relatar hechos recuperados por la memoria. Se permite ir a acontecimientos previos y cuando lo halla conveniente da un salto al futuro para anticipar información importante en el desarrollo de la trama. Todo ello ocurre de manera sutil, pero constante.

Con la experiencia de la cárcel viene la tortura. El contexto es el de la guerrilla uruguaya de los años setenta. A diferencia de la primera parte narrada y focalizada en la primera persona, con énfasis en darle relieve a la voz y carácter al personaje, en el segundo apartado, “Uno y el cuerpo”, a ratos se advierte una distancia de sí mismo y, para hablar de la experiencia intransferible de la tortura, el narrador recurre a la tercera persona. De este modo se refiere al torturado, es decir a sí mismo, como “el preso”. Aquí, además, lo narrativo toma tintes de reflexión ensayística acerca de la condición y naturaleza humanas. No sólo piensa o se piensa a sí mismo, sino también reflexiona en aquello que mueve a los torturadores, en las consecuencias que ha de haber para ellos en los ratos en los que también experimentan la soledad.

En la tercera parte, “Sentarse a esperar lo que sea”, el tiempo ya no es el de la tortura sino el de los largos años de encierro, acompañado de otros presos. El cuerpo ya no padece martirios y el aprendizaje del dolor y del asco que se sintió en el cuerpo y por el cuerpo hace que la voz del narrador aprenda a expresarse desde otros espacios, para muchos desconocidos, de la experiencia humana. Puesto que, como se afirma en la novela, el dolor y el asco de sí son formas de autoconocimiento distintas, profundas, una vez experimentados ya no dejarán a quien los ha padecido por el resto de su vida.

Poco después de su liberación, Carlos Liscano se exilió en Suecia desde 1985 a 1996, donde enseñó español y se hizo traductor. De 2010 a 2015, durante el gobierno de José Mujica, dirigió la Biblioteca Nacional de Uruguay. Con El furgón de los locos obtuvo el premio de Narrativa Édita del Ministerio de Educación y Cultura en el año 2002. La novela consta de 192 páginas.

El furgón de los locos, Carlos Liscano, Planeta, Uruguay, 2001, 192 pp.

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