Los topos, una novela de Félix Bruzzone

–José Miguel Barajas García

De acuerdo con el Diccionario argentino. Palabras, modismos y más, de consulta en línea, la palabra “Topo”, en su acepción número cuatro, se refiere a una “Persona infiltrada en una organización, quien trabaja al servicio de otros.” Así, “Topo” es sinónimo de “infiltrado, buchón, botón, soplón”. Félix Bruzzone (Buenos Aires, 1976), con su novela Los topos, trata de manera peculiar el asunto de la traición y la delación en tiempos de la dictadura argentina y sus consecuencias. La historia, de igual modo, es una constante búsqueda. En principio, se indaga acerca del paradero de un hermano desparecido, hijo de desaparecidos; pero con el desarrollo de la narración el que busca también empieza a cuestionarse por sí mismo y, con el acontecer de los hechos, su identidad se transforma.

La historia está contada en primera persona por el protagonista. De entrada se sabe que es hijo de desaparecidos y que se crió con los abuelos maternos. El relato empieza en la edad adulta, temprana edad adulta, de la voz que narra y de la cual, si no mal recuerdo, jamás se dice su nombre. Vive con la abuela Lela. La primera línea “Mi abuela Lela siempre dijo que mamá, durante el cautiverio en la ESMA, había tenido otro hijo varón” contiene, en potencia, la historia que será contada. Hay líneas narrativas que parecen ser las que guiarán lo narrado, como el noviazgo del protagonista con Romina y la posterior situación de embarazo de ella que desemboca en un aborto. También están los miembros de HIJOS, aunque el protagonista en ningún momento muestra estar comprometido ni interesado por las actividades de la agrupación. A poco de empezar la historia se sabe que termina la relación con Romina y entonces aparece Maira, un travesti que conoce en la calle. Aquí, la narración toma una fluidez muy versátil. De inicio, parece ser una manera del protagonista para alejarse del compromiso de paternidad con Romina, un modo de superar la muerte de la abuela Lela y en cierta forma así dejar atrás la historia de los padres desaparecidos; pero entonces se sabe que el narrador se siente en verdad enamorado de Maira y que esta relación lo acercará de manera definitiva, al menos en el relato, a la búsqueda de sus orígenes.

La trama se reviste de toques del relato policial, de pistas falsas, muchas fruto de la mente del narrador, pero que no están puestas de manera arbitraria, sino que ayudan a la construcción mayor del relato. Conforme avanza la historia, se sabe que rompe su relación con Maira, que se siente amenazado por ella y que incluso piensa que es un topo dentro de HIJOS. Después, la propia organización le da la vuelta a esta versión. El narrador tiene entonces una suerte de anagnórisis al momento de hacer un pastel y comprende que debe, necesariamente, estar con Maira; ella, sin embargo, desaparece y su búsqueda desencadena la segunda parte de la historia. Sin ánimos de hacer un resumen o de repetir la anécdota, quiero destacar que a partir de ese momento la narración aumenta su velocidad, no de manera desordenada, pero sí toma otros ritmos y otros rumbos. En un tercer desarrollo se sale de Buenos Aires y se llega a Bariloche, de donde no se regresa. Aquí, la figura del Alemán, la paterna figura del Alemán, se vuelve crucial. La historia, ante los ojos del protagonista, parece tomar sentido. Para entonces, los lectores ya hemos asistido a una transformación en la que el narrador, poco a poco, encarna de algún modo a la desaparecida Maira. Y es probable que así, y sólo así, el reencuentro entre ambos sea posible.

Los topos, en palabras de Bruzzone, surge de una serie de relatos publicados en un libro llamado 76. “La idea que yo tenía al comenzar era escribir otro cuento más. Y como no me cerró finalmente, y, como logré divisar un final que estaba bastante lejos del lugar al que había llegado la búsqueda del personaje, se extendió y se convirtió en novela corta.” Son 192 páginas, como 76, también de 2008.

Félix Bruzzone, Los topos, Literatura Mondadori, Buenos Aires, 2008, 192 pp.

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