Jaime Avilés, una escritura

–Adrián Gerardo Rodríguez

Alguna vez un gran lector me dijo que en México la literatura había que buscarla también afuera de las coordenadas de lo que se produce en los espacios y mafias de los escritores. De entre los ejemplos que me dio, refirió un libro autobiográfico del ingeniero Heberto Castillo, conocido por ser un activista incansable, fundador del Partido Mexicano Socialista. Me hablaba de que en ese texto había una verdadera propuesta literaria.

Aunque le pregunté varias veces el título del libro para leerlo, no lo recuerdo ahora. Lo que no se me olvida es la idea de buscar la literatura en otros sectores que no sean los exclusivamente literarios. De otra manera no podría describir mi experiencia ante AMLO: vida privada de un hombre público de Jaime Avilés, que leí recientemente.

Como se podría imaginar, mi encuentro con el texto de Avilés no fue literario. Estaba pensando en escribir un artículo sobre los primeros pasos de Andrés Manuel López Obrador como político en Tabasco. Pensé que debía primero consultar algunas biografías para no repetir cosas sabidas. El libro de Avilés no me animaba porque cualquiera imagina lo aburrido que debe ser leer una biografía de un político. Pero se puede descargar gratuitamente aquí, en una edición de Polemón. Lo que me encontré fue una cosa totalmente distinta de lo que esperaba narrativamente.

Desde la primera línea de la “Advertencia” se sacude al lector: “Este libro podría cambiar la intención del voto de quienes lo lean”, y después agrega:

También podría alterar el criterio de quienes piensan que no votar es lo más adecuado para un país destrozado como el nuestro.

Estas páginas relatan el saqueo y la devastación que México sufre desde 1982 hasta nuestros días.

En forma paralela, ofrecen un retrato de Andrés Manuel López Obrador.

De aquí en adelante el lector se embarca en un relato que es al mismo tiempo erudito y creativo. Lo primero porque es visible el trabajo de investigación de los hechos descritos, que se les hace embonar con las vivencias políticas del autor a lado de AMLO, dando como resultado una visión de la historia contemporánea de México, específicamente del neoliberalismo. Lo segundo porque el relato tiene un tono de confesión y digresión que el autor estructura estéticamente. Por ejemplo, Avilés busca involucrar al lector en la misma redacción del texto, cuando en alguna de las primeras páginas escribe: “Este libro empieza con una comida y con un decreto”, o cuando más adelante narra la escena exacta en que se concibe el libro: AMLO le propone a Avilés que le haga una larga entrevista porque había prometido a la editorial un libro autobiográfico que ya no alcanzaría a terminar. Por lo tanto, el lector se va topando con varios comienzos de la historia que se quiere contar y también de la historia del texto, de las circunstancias en que se escribió.

Avilés en varias ocasiones también cambia la temporalidad de la narración, haciendo perder el hilo al lector con líneas como “No sé por qué, de pronto recordé aquellos días de 2005 mientras desayunábamos en Copilco la mañana del 2 de julio de 2006” (que hacen recordar el comienzo de una famosa novela latinoamericana) o con “Cinco años más tarde…”

Esos ardides (de ir introduciendo al lector en una historia para luego contar una historia dentro de otra historia para después regresarlo) me hicieron recordar a Jacques, el fatalista, de Diderot, pero además por cierto tono chusco y profético en las conversaciones que Avilés describe con López Obrador, que en ocasiones también hacen recordar las de Sancho Panza con el Quijote.

Los méritos literarios de la biografía de Jaime Avilés no están por encima de los hechos históricos que relata. Sólo el tiempo nos dirá cuál de estos dos elementos es el que más va a pesar para el lector futuro, porque este texto, estoy seguro, sobrevivirá a varias generaciones de lectores.

 

Jaime Avilés, AMLO: vida privada de un hombre público, Polemón, México, 2012.

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