También nos robaron el fútbol, Ángel Cappa y María Cappa

 

–José Ricardo Mercado

 

“El fútbol ahora es una especie de barca de salvación para poder ser rico y famoso, que es a lo que cada vez más personas aspiran. Los chavales ya no quieren ser futbolistas, quieren ser Cristiano Ronaldo”. Esta es una de las tantas citas que enriquecen a También nos roban el fútbol (Akal / A Fondo). El espíritu que acompaña a este texto es el de la denuncia, y quién mejor para hacerlo que el ex futbolista, entrenador, pedagogo y estudiante de filosofía, Ángel Cappa y su hija, periodista y dramaturga, María Cappa. El fútbol, fenómeno de la cultura global que deslumbró a propios y extraños durante el siglo XX se ha visto deformado por la intervención de un neoliberalismo rapaz que, poco a poco, le ha ido quitando su atractivo.

Los Cappa buscan hacer un libro que indague en las formas que ha tomado el balompié desde que João Havelange, hombre de negocios y amigo de la dictadura en Brasil, se hizo con el control del mayor organismo del fútbol mundial a mediados de los años setenta, y anunció que ofrecería este deporte, en bandeja de plata, al libre mercado. El texto va desde una crítica a la manera que el fútbol se juega en la cancha, pasando por la injerencia que tienen los medios de comunicación y los periodistas que lo componen, las tramas de corrupción de la FIFA que han salido a la luz desde hace dos años, hasta la obscura forma en que son transferidos los jugadores en la actualidad. Quizás esto suene como un revoltijo para el lector, pero todo tiene una relación directa o indirecta con la intromisión del mercado en el deporte con más seguidores en el mundo.

La clave para entender la motivación de Cappa para escribir este libro reside en lo que el ex entrenador dijo en una de las presentaciones de su libro: “Hoy en día los empresarios que compran los clubes de fútbol no tienen ni idea del significado de este deporte, tratan a las entidades como si fueran empresas y un club de fútbol es un sentimiento. El juego tiene cada vez menos importancia, el resultado es lo que define todo. Yo creo que el fútbol sirve para que la gente pueda disfrutar, es una excusa para ser feliz, pero nos han quitado el placer de jugar y ahora se ha convertido en una tarea productiva, el dinero hace que el jugador de fútbol se olvide de jugar y responda a la necesidad de producir. Han hecho del fútbol algo cuantitativo”. Es decir, al fútbol se le ha cancelado su elemento catártico, y al jugador profesional se le ha arrebatado la alegría de practicarlo. Messi no sólo es propiedad del Barça, también es, vaya a donde vaya, un producto que explota Adidas. Cristiano ya no es un simple futbolista, es una celebridad a la que le han marcado en la piel Nike, aquello a lo que se refiere la cita que inicia con esta reseña, y a lo que cada vez más aspiran los miles de personas que se ven influidas por un modo particular de ver el fútbol. Hecho que marca la forma de ver la cancha, gracias a una imposición que el neoliberalismo le transfirió al futbol: producción.

Esta crisis del balompié mundial no habría sido posible sin la ayuda de un actor imprescindible: el periodismo deportivo. El periodismo en esta área, y en otras más, primero dejó de ser ese puente comunicativo entre el acontecimiento y el lector para ser un simple vocero de los poderes fácticos derivados del neoliberalismo. Después, la aparición de las redes sociales puso en jaque al periodismo tradicional, lo que derivó en que éste se convirtiese en esclavo de la dictadura del click (Clickbait). Es decir, el periodismo de calidad ha sido echado a un lado por un periodismo amarillista que se mueve conjunto con el morbo de la gente. Se ha vuelto más importante saber las preferencias sexuales de Cristiano Ronaldo que lo que hace dentro del terreno de juego. Además, las historias con contenido humano han sido desplazadas por aquellas que privilegian lo monográfico o lo estadístico. Por ejemplo, la entrañable historia de la selección siria, que jugó partidos eliminatorios en Malasia, a 12,000 km de distancia de Damasco, y estuvo a un ápice de clasificar al Mundial de Rusia se ve opacada por la obsesión de ciertos medios en dar datos sobre el rendimiento de los futbolistas que, en su gran mayoría, son irrelevantes. La erudición se valora más que la profundidad.

El periodismo ha perdido su rigurosidad como el fútbol ha ido perdiendo el alma por la necesidad de vender. “se trata de sumar oyentes o televidentes con la misma fórmula que se admite para que los equipos logren la victoria: como sea.” Esa fórmula es la de infantilizar a las audiencias y a los lectores, subir a un pedestal a los futbolistas y centrarse en la polémica. Aquel periodismo que busca que las personas comprendan el juego, la táctica, no es tan rentable como aquel que apela al mundo del espectáculo. “Nada en su mensaje se dirige a la racionalidad del hincha. Al contrario, lo despoja de su capacidad de reflexión y queda expuesto emocionalmente para ser manipulado e impulsado a la compra de objetos fetiches.”

El análisis extenso y puntual de los autores no deja ningún tema y ningún espacio sin ser visto con lupa. Es el caso de las apuestas, el dopaje o el ejemplo de uno de los países donde el fútbol ha sido tomado en su totalidad por el neoliberalismo: la liga de fútbol mexicana. En México el fútbol “es una de las herramientas más usadas por las élites para fabricar espacios afines a sus intereses […] dado que estos grupos suelen ser también dueños de los medios de comunicación, disponen de plataformas desde las que transmitir ideas o valores que consoliden su hegemonía.” Se hace una crítica puntual de las formas y los mecanismos creados por los dueños del fútbol en México, los Cappa no dejan cabos sueltos. Ese es el caso del Pacto de caballeros, una forma de control que tienen los dueños de los equipos con respecto a los derechos laborales de los jugadores que ha desatado una crisis en el fútbol azteca que podría tornarse mucho más severa.

Como un conocido libro de Dostoievski, este texto despoja al lector de cualquier esperanza para después enseñarle un camino que, según sus autores, podría llevar a la redención. Plantean que las personas, convertidas en socios, vuelvan a tener las riendas de los clubes; algo que se ha logrado en Inglaterra, España e Italia, sitios donde se encuentran tres de las mejores cinco ligas del mundo. La propuesta de los Cappa, aunque algo ilusoria, parece tener cierto sustento si el fútbol mundial sigue yendo por los sinuosos y obscuros caminos de la actualidad. El balompié profesional cada vez gusta menos en los países que lo han hecho grande y a mí me viene a la mente el adagio de unos niños que cautivó a Eduardo Galeano: “ganamos, perdimos, igual nos divertimos”. Sí, profesional o no, quizás es mejor el fútbol que se juega con gusto.

 

 

 

También nos robaron el fútbol, Ediciones Akal, 272 pp.

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