Echar raíces entre las estrellas. Octavia E. Butler, Parábola del sembrador

–Mariana Rodríguez


De Octavia E. Butler se ha escrito y estudiado vastamente; tanto su obra, como su vida. En específico, su serie “Libros de las parábolas” flota en el ambiente de las últimas fechas por ser estos tiempos lo más cercano que hemos tenido a un ensayo apocalíptico. Muestra de ello es el podcast que analiza capítulo a capítulo ambas novelas: la Parábola del sembrador y la Parábola de los talentos. De la primera, incluso existe una ópera y una novela gráfica que se basa en la historia de Lauren Oya Olamina, la protagonista de la novela que comentaré a continuación.

Pero, antes, quiero mencionar que dicha vastedad no es más que un efecto ilusorio atrapado en la lengua anglosajona y que es en la traducción de sus obras en donde encontraremos el puente al maravilloso pensamiento de esta autora originaria de California. Aunado a eso, no hay que olvidar que por más Biblias, Talmudes y Coranes (por mencionar algunos libros sagrados) que se vendan, esos números no garantizan el buen comportamiento de la humanidad. Es decir, leer a O. E. Butler es adentrarse a un universo que demanda una complicidad que nace por azar pero se mantiene y crece por necesidad. Hablo de un compromiso lector que demanda pero también brinda. Para leer por leer están las redes sociales.

La traducción que leí es de Virginia Gutiérrez y a pesar de los chilenismos el espíritu de la novela se mantiene constante en cada capítulo. ¿Cuál es este espíritu? Para empezar, encerrarlo en la categorización de ciencia ficción es cortar de tajo posibilidades variadas e interrumpir su alcance universal. 

En lo personal me molesta el término ciencia ficción (casi tanto como “lo real-maravilloso”). Esas concepciones de género no son más que derivas burguesas-académicas que propician el encierro de la mente a un solo cajón. La escritura es revelación, y no siempre se ciñe a las reglas temporales que tenemos actualmente. Para mí, se asimila a la espera de una semilla que está por aflorar a su propio ritmo y bajo sus propias reglas. 

Un ejemplo de ello está en la novela que describe acciones que ya están sucediendo en nuestros países latinoamericanos. Siempre menciono de vez en cuando que la película Elysium protagonizada por Matt Damon y Jodie Foster utilizó escenarios mexiquenses para demostrar la miseria que podría darse en el año 2154. El mensaje es claro: el tercer mundo es el Apocalipsis. 

En la Parábola del sembrador la policía no trabaja si los ciudadanos no pasan una cuota “extra” a su salario, básicamente como le decimos en México: “una mordida” a la “chota”. En la novela, las mujeres, o mejor dicho niñas, son madres a muy temprana edad. Aunado a esto, los recursos naturales, en especial el agua, son recursos limitados y difíciles de conseguir. 

Hay cólera extendiéndose en el sur de Misisipi y en Luisiana —dije—. Lo escuché en la radio ayer. Hay demasiada gente pobre; analfabeta, sin trabajo, sin casa, sin instalaciones sanitarias ni agua limpia. Tienen mucha agua allá, pero gran parte está contaminada. (P.63)

En otro momento de la novela, Lauren debe disfrazarse como hombre para no sufrir de la depredación apocalíptica, lo mismo hizo mi abuela en la Revolución Mexicana, y lo mismo hacen miles de niñas que cruzan la frontera de Centroamérica a México para llegar hasta Estados Unidos, es más, se les recomienda a todas las mujeres que están en edad reproductiva que tomen anticonceptivos porque de antemano saben que serán violadas en el camino.  

No es el futuro, no es ciencia ficción. Está sucediendo. 

Diversas preguntas aparecen conforme leo la novela: ¿Qué tan preparada me siento ante una catástrofe?, ¿qué tan preparada está mi comunidad?, es más, ¿tengo una comunidad a la cual poder acudir en caso de que todo se vaya al carajo?, ¿cuántas de estas dudas son reales y no paranoia excesiva?, ¿cuáles son las nuevas formas que el duelo ha ido tomando durante estos últimos meses?, ¿mi comunidad sabe que puede contar conmigo y viceversa?, entre muchas dudas más que debí anotar en algún lado…

En la misma novela encuentro algunas respuestas. Algunas en forma de fe, una fe que recae en un Dios cambiante de la religión que Lauren crea a través de su escritura: “Todo lo que tocas, lo cambias/Todo lo que cambias, te cambia/La única verdad es el Cambio/Dios es Cambio.”, otras veces en forma de rabia y dolor: “Nunca he visto más sordidez, más restos humanos, más perros salvajes que hoy. Tengo que escribir. Tengo que botar esto en el papel. No puedo dejarlo dentro de mí. Ver muertos nunca me había molestado, pero hoy… Estábamos buscando el cuerpo de papá…” (P.148) y otras veces en la búsqueda misma interna de Lauren: “¿Y qué debería estar haciendo yo? ¿Qué puedo hacer? En menos de un año voy a tener dieciocho y seré adulta, una adulta sin más expectativas que la vida en nuestro barrio que se está desintegrando.” P.141 

Una búsqueda dolorosa que la protagonista hace constantemente junto con personajes complicados e interesantes, con muchas capas. Cada uno tiene historias con las cuales podríamos identificarnos ya sea por sus orígenes, sus adicciones, sus miedos y formas para sobrevivir el caos reinante, asesino y salvaje. Pero no tenemos que esperar a que a partir del 2024 para que la devastación nos forje o ayude a tejer una comunidad que nos acuerpe:

La verdadera respuesta a la crisis ecológica sólo podrá hacerse a escala planetaria y a condición de que se realice una auténtica revolución política, social y cultural que reoriente los objetivos de la producción de los bienes materiales e inmateriales. Así pues, esta revolución no sólo deberá concernir a las relaciones de fuerzas visibles a gran escala, sino también a los campos moleculares de sensibilidad, de inteligencia y de deseo. (Las tres ecologías, Félix Guattari) 

Al contrario, las semillas ya están echadas a andar, falta que echen raíces entre las estrellas como sucede en Parábola del sembrador. La noción de que todo está interconectado flota en el aire, pero es en la literatura o el arte, en la naturaleza y en la milpa donde se siente profundamente esto. ¿Qué gestos ayudarán a construir un mundo mejor? Comencemos a leer a autoras como Octavia E. Butler, la cual el 22 de junio del 2021 cumpliría 74 años. Su nombre ya brilla en Caronte, un satélite de Plutón, en Marte y en un asteroide. Falta que comience a echar raíces en las mentes astrales latinoamericanas. 

Octavia E. Butler. Parábola del sembrador, traducción de Virginia Gutiérrez. Overol, Santiago, 2019. 

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